jueves, 28 de marzo de 2013

Otras Historias....



5


El árbol enseño al Hombre hasta la última gota de savia que poseía, hasta que por fin se cerró con un ligero estremecimiento. El hombre acompaño al árbol en aquel movimiento lento y pausado, como en una delicada danza, que hubiera ralentizado el tiempo. Por dentro se sentía como un pañuelo retorcido y estirado hasta no más dar de si. Un pañuelo que siempre vio de un color determinado y ahora había descubierto que no era exactamente como lo recordaba.

Mientras salía del edificio su alma rebotaba dentro de su ser, como si de un neutrino salvaje y poderoso se tratase, quisiera recorrer hasta el último e infinitesimal rincón de su cuerpo. Afloro el Odio, la pena, la tristeza, los recuerdos, y estos se fueron diluyendo poco a poco. Por último la culpa, la cual quiso engancharse con poderosos dientes fue expulsada. Fue desterrada  exhalando un largo suspiro.

Sus pies pisaban ya el polvo aplastado y comprimido del camino. El camino del Norte. El Hombre oteo su sinuoso recorrido, que se perdía entre las elevaciones del terreno. En el cielo el sol era una desvaída esfera luminosa, cuyos contornos parecían haberse difuminado. El Hombre se giro para observar el trazado del Sur. Una pequeña nube de polvo indicaba que alguien venia en esa dirección de forma veloz. El Hombre espero

Una simple figura uniformada, se paro delante de él y le entrego un sobre. El mensajero se marcho por el mismo camino y a la misma velocidad. El Hombre abrió el sobre y leyó su contenido. Lentamente se vio transportado de nuevo a aquel maravilloso lugar que amaba…

Estaba allí, físicamente, delante de ella, sus ojos verdes, su sonrisa velada, sus amados rizos negros, su fino talle, … y su voz…y aquel cariño saliendo a raudales…
Guardián, siento decirte esto, pero no puedo ser tu Reino. Has de perderte en los caminos, perdernos ambos, seguir nuestros hilos en la vida, y diluirnos en el tiempo, hasta que algo nos vuelva a reencontrar”

El Hombre musito quedas palabras al oído del Reino:

---No pienso renunciar a ti, haré lo que haga falta hacer. Tú has encontrado mi camino, y ahora quiero transitarlo contigo. Contra todo los problemas. Hasta el fin del tiempo y hasta que se apague la luz del mundo.

Guardián, esto es un hasta siempre"

La imagen se diluyo. La nota que lo había transportado estaba tirada en el camino. El Sol se ponía en el Horizonte. Un grajo alzo el vuelo mientras chillaba roncamente. Una ligera brisa empezó a soplar del sur, levantando el polvo. Olor a coco. Risas en el viento. Manos invisibles que lo rozaban y brazos intangibles que lo acunaban. Gotas de lluvia y sal en el camino en un cielo sin nubes. Los últimos rayos de un sol moribundo refulgieron en sus velados ojos, y la oscuridad lo envolvió todo. Girándose, dio un paso tras otro, hacia el Norte.


...
7
Aquellos enormes ojos castaños de niño miraban sin perder detalle todo lo que ocurria en la calle. Desde su ventana en lo alto del edificio, sus ansias de curiosidad intentaban cumplirse sin existo. Hacia mucho tiempo que aquel trozo de ciudad, el unico que podia ver desde donde estaba, habia dejado de interesarle.
El niño queria salir de esa habitacion desde hacia mucho tiempo, pero Miedo era su carcelero y era un carcelero muy tenaz.
Durante todos los años desde que tenia uso de razon, su vida se habia reducido a mirar por aquella gran ventana y ver las vidas de los demas ajenos a que un pequeño niño los observaba a muchos metros de altura. Mientras, Miedo lo custodiaba celosamente
Un dia el Niño tomo la unica decision que le quedaba. Se encaramo a lo alto del alfeizar y miro abajo. El suelo parecia encontrarse muy lejos, pero cualquier cosa era mejor que seguir recluido en aquella habitacion. Casi sin querer dio un paso y se dejo caer, precipitandose muchos metros hasta el suelo. El golpe contra la dura superficie fue terrible, un sonoro golpe acompañado de la risa de Miedo desde lo alto de la habitacion. El Niño conmocionado por el impacto se quedo muy muy quieto. No tardo en captar la atencion de los demas que le rodeaban
---Eh mirad---dijo un tipo de ojos claros a otro que iba con el---Que niño tan feo y enclenque, de donde habra salido?---pregunto mientras ambos se acercaban.
---¿estara enfermo?--- dijo un tipo delgado y con el pelo muy corto---Mirad que blancucho, me da un poco de asco
---Sí, si que da asco---dijo un tercero, un tipo grande y gordo---Me dan ganas de patearlo
---¿Verdad que si?---dijo el primero---venga dale, es solo una cucaracha
El tipo gordo se acerco y le propino una patada al Niño, sin mucha fuerza, aunque lo hizo rodar sobre si mismo. Los otros, haciendo un corrillo alrededor del Niño, empezaron a golpearle mientras seguian increpandole
---¡Nunca llegaras a nada, seras siempre un bicho raro¡---
---Debe tener una enfermedad, no se te ocurra tocarle---
---Con esa pinta jamas nadie te querra, moriras solo---
---Me das asco, ¡asco!
Los golpes se sucedian uno detras de otro, pero sin embargo eran aquellas frases cargadas de maldad las que de verdad le herian profunda y permanentemente. Aquello duro solo un momento aunque para el Niño parecio durar una eternidad
Cuando se cansaron de golpearle, le escupieron y se alejaron dejandolo alli tirado. El frio que le erizaba la piel magullada no era nada comparado con la gelidez que le atenazaba como garras el alma. Incorporandose muy lentamente, fue a dar un paso y entonces vio a Miedo a pocos metros, mostrando sus podridos dientes en una sonrisa de satisfaccion
---En tu habitacion estabas seguro, ahora todos te haran daño--- su voz eran piedras triturando piedras--- Vuelve a tu habitacion y estaras a salvo
---No--- fue la simple respuesta del Niño
La sonrisa de Miedo se ensancho mas, como una grieta en la roca
---¿No?, bonita palabra niño, pero de lo que te va a servir cuando esas otras personas vengan a por ti.
Fuertes temblores sacudieron el fragil cuerpo mientras las palabras de Miedo calaban hasta lo mas hondo de su cuerpo. Forzandose a si msmo, el Niño dio un paso y luego otro mas. Despacio, muy despacio dio un rodeo evitando acercandose a Miedo y siguio avanzando
---¿Ese es tu plan, crio de mierda?--- Su voz sonaba furiosa, llena de ira y a la vez cargada de burla---¿Ignorarme?¿Durante cuanto tiempo crees que podras darme la espalda?. Aparecere niño, aparecere una y otra vez, ¡¡ durante el resto de tu vida !!.---
El niño sigui avanzando, mientras las lagrimas corrian por sus mejillas. Al girar en una esquina, vio su reflejo en una superficie metalica y pulida, y se quedo mirando su reflejo fijamente durante un instante. Aquellos enormes ojos castaños le devolvieron la mirada.
---Pronto encontrare un Hogar---se dijo
Dandose la vuelta, prosiguio el camino arrastrando lentamente los pies
9


El camino del Norte tiene otra peculiaridad. Es aveces tan largo que llega a convertirse en el camino del Sur, siempre que aun se tenga ánimos de no abandonar su trazado, aquel que persevera puede verse de forma abrupta recorriendo un camino diferente al que empezó. El suelo ya no es como polvo de huesos machacados, sino verde y fresco. El paisaje monótono y gris se torna en explosiones de colores y formas que arrancan una sonrisa incluso al mas adusto. El viento ya no es cortante y afilado, sino balsámico y revitalizador a la vez. Aquel que transita el camino del Sur, lo reconoce rápidamente al pisarlo, si ya lo recorrió antes. Y por muchos años que pasen sin hollar sus verdes franjas y por mucho que llegues a olvidar su recorrido. Al recorrerlo se rememoran todas las veces anteriores.
Es esta la mayor singularidad del Mundo, y pocos, solo los que llegan a recorrer los dos caminos, se percatan de que no existen los dos caminos, que en definitiva es uno solo, y todo de pende de la dirección en que lo transites. Huelga decir, que mientras la parte Norte es una dura y fatigosa ascensión, el camino del Sur es un cómodo y suave descenso. Por esto cuando transitas la parte Norte necesitas dar lo mejor que tienes dentro, o el marcado gradiente del camino hara que vagues sin rumbo durante mucho tiempo. Es por ello que en los peores momentos, debemos ser mejores. Sin embargo el Camino del Sur, el maravilloso Camino del Sur, puede ser igual de peligroso. La suave bajada adormece al caminante, le exige menos y por ende ofrece menos. La relajación puede llevar al sopor, y el sopor a perder el trazado, lo cual puede ser fatal, ya que perder la orientación te puede encaminar de nuevo y muy rápidamente al camino del Norte. Esto solo lo pueden saber aquellos que ya han transitado varias veces el camino. Es difícil no dejarse llevar por los cantos de sirena que te transportan a la dejadez la primera vez que se camina por el Sur.
Por ello, y en definitiva, cuando transitas el idílico camino, no has de olvidar que igual que diste lo mejor cuando te lo exigía el tortuoso camino, para poder mantenerte en el cómodo trazado del Sur, debes hacer lo mismo. Es esta la mayor lección que ofrece el Camino. La lección que aprendió el Hombre, la ultima que necesitaba para matar a Miedo, el cual, se plantaba en medio del camino obstruyendo el paso al Hombre, al Guardián, al Niño
---Ahora los tres somos uno----dijo con voz firme---Este es tu fin
...




Epilogo


---...¿y Fin?
Posiblemente no, ya que nunca hay un fin, porque ¿Quien establece cuando es el fin y con que criterios lo hace?. Por lo tanto no es esto un fin, aunque si puede ser un hasta el momento. Ademas muchos querrán saber si Miedo finalmente murió, si fue destruido y vencido, desterrado a ese lugar donde nada existe.
Pobres ilusos
A Miedo no se le puede vencer, esta es la ultima lección de todas. A miedo no se le mata y deja de existir, cual rio que se seca o montaña que se hunde. Es mas, muchas veces miedo se servirá de la creencia de que ha muerto, para emboscarnos a la primera de cambio.
A Miedo solo se le puede embridar e intentar aguantar sus salvajes embates
Siempre nos acompañara, siempre estará ahi para recordarnos nuestros fracasos y nuestras perdidas mas sentidas, para recordar todo lo que pudo ser y nunca fue, y lo mas importante, para que sigamos perdiendo cosas, y asi El poder seguir alimentándose. Pues, igual que una voraz tenia, Miedo medra de todos nuestros fallos e intenta que sigamos encadenandolos para el darse tal apetitoso banquete
Debemos, en conclusión, alejar de Miedo todo aquello que sea bueno de nuestra vida, cual zanahoria colgado del palo, para que así Miedo, como el caballo que la persigue sin nunca alcanzarla, y nosotros a lomos de él, avancemos con energía por el camino que tendremos que recorrer.

Nostalgia del Futuro


En un lugar no muy lejano, existía una habitación muy particular. Nosotros ya no la conocemos pero existen muchas como ésta en el mundo. En ella, como en tantas otras, había una pequeña figura acurrucada en el alfeizar de la ventana, única abertura de esta extraña habitación.
            Esta figura, una niña de nombre Esperanza, observaba por la ventana con sus enormes ojos castaños abiertos como platos, como una serie de personas desfilaban por la calle. Igual que le pasa a todos los niños cuando siguen siendo niños, la altura de las cosas que perciben parece mayor de lo que de verdad es. Sin embargo, realmente sí había mucha distancia desde la niña hasta esa calle. Y a esas personas, Esperanza las veía muy pequeñas, y muy lejanas, pero aun así había algo en ellas que le llamaba poderosamente la atención: todas se parecían a ella de una manera u otra, pero en versiones más adultas. Unas iban con un traje elegante y un maletín en la mano, caminando con un aire de dignidad que ni un embajador. Otras, vestían de forma más sencilla, quizás con un mono azul brillante como el cielo, o con una bata blanca que de tan limpia podrían haber comido unos marqueses puesta en la mesa de mantel. Y a pesar de lo simple de sus atuendos, sus caras rebosaban felicidad. Esperanza no entendía nada de esto, pero ver aquello le producía una extraña sensación de congoja, que algunos entendidos en la materia han querido llamar “Nostalgia del futuro”.
            ---Hola---dijo de pronto una voz infantil a sus espaldas, haciendo que Esperanza se girara rápidamente---. Tu debes ser Esperanza
            La niña abrió aun más los ojos. Allí delante de ella había un niño pálido y flaco, pero con la mirada más benévola que jamas vio ni imaginó.
            ---Sí, soy yo---dijo Esperanza con todo el valor que su vocecilla podía inferir---. ¿Tú quién eres?
            ---Yo me llamo Oliver---respondió---, y soy un niño que como tú estaba en una habitación de la que no podía salir.
            Esperanza quedó como alcanzada por un rayo. No entendía ¿Acaso se podía salir de la habitación? ¿ Y para qué? ¿Había en realidad algo más que esas cuatro paredes?.
            Oliver se acerco hasta Esperanza, que seguía paralizada,  y se acomodo en el alfeizar junto a ella. Mirando alternativamente a la calle y a la niña, Oliver siguió hablando.
            ---Esperanza, mi padre era un hombre muy sabio y muy listo. Gentes de muchos sitios y muchos tiempos lo escuchan con atención, pues él entendía muy bien las cosas que nos ocurrían a nosotros, los niños. Y aunque la gran mayoría lo tomaba por un simple contador de cuentos, en otras personas obraba un cambio en su corazón, y les animaba  hacer algo para que ningún niño estuviera nunca encerrado en una habitación de este tipo
            ---¿De este tipo?---preguntó Esperanza con voz trémula
            ---Sí mi querida amiguita.--- Dijo Oliver cogiéndole la mano con ternura infantil--- Esta habitación la conozco muy bien. Al principio parece amplia, pero poco a poco te va oprimiendo el estomago, hasta que se te hace tan pequeña, que solo queda espacio para un único pensamiento.---mirando hacia la calle Oliver prosiguió---. ¿Ves todas esas personas Esperanza?. Son las personas que tu podrías ser si sales de esta habitación.
            El corazón de esa niña dio un vuelco ante lo que acababa de oír.
            ---¡Yo quiero salir Oliver!---dijo la niña con vehemencia,  poniéndose en pie y apretándole la mano--- ¡quiero ser como ellas y poder pasear por esa calle y sonreír y ser feliz todos los días!
            Oliver la miró con dulzura y dando un paso subió al alfeizar aupando gentilmente a Esperanza. Ésta se asustó al ver aquel abismo ante sus pies, pero la mano de Oliver la agarraba con fuerza.
            ---Yo no puedo sacarte de aquí, por mucho que lo deseo---dijo Oliver---. Mi papel es tan solo  hablarle al alma de esas personas que nos leen, igual que lo hizo mi padre, y esperar a que vengan a sacarte de aquí
            ---¿Crees que vendrán Oliver?---le preguntó la niña ilusionada
            Oliver le dedicó la mirada mas tierna que diera jamas a nadie en toda su vida, y con una gran sonrisa le contestó:
            ---Claro. Por algo te llamas Esperanza.