jueves, 28 de marzo de 2013


Nostalgia del Futuro


En un lugar no muy lejano, existía una habitación muy particular. Nosotros ya no la conocemos pero existen muchas como ésta en el mundo. En ella, como en tantas otras, había una pequeña figura acurrucada en el alfeizar de la ventana, única abertura de esta extraña habitación.
            Esta figura, una niña de nombre Esperanza, observaba por la ventana con sus enormes ojos castaños abiertos como platos, como una serie de personas desfilaban por la calle. Igual que le pasa a todos los niños cuando siguen siendo niños, la altura de las cosas que perciben parece mayor de lo que de verdad es. Sin embargo, realmente sí había mucha distancia desde la niña hasta esa calle. Y a esas personas, Esperanza las veía muy pequeñas, y muy lejanas, pero aun así había algo en ellas que le llamaba poderosamente la atención: todas se parecían a ella de una manera u otra, pero en versiones más adultas. Unas iban con un traje elegante y un maletín en la mano, caminando con un aire de dignidad que ni un embajador. Otras, vestían de forma más sencilla, quizás con un mono azul brillante como el cielo, o con una bata blanca que de tan limpia podrían haber comido unos marqueses puesta en la mesa de mantel. Y a pesar de lo simple de sus atuendos, sus caras rebosaban felicidad. Esperanza no entendía nada de esto, pero ver aquello le producía una extraña sensación de congoja, que algunos entendidos en la materia han querido llamar “Nostalgia del futuro”.
            ---Hola---dijo de pronto una voz infantil a sus espaldas, haciendo que Esperanza se girara rápidamente---. Tu debes ser Esperanza
            La niña abrió aun más los ojos. Allí delante de ella había un niño pálido y flaco, pero con la mirada más benévola que jamas vio ni imaginó.
            ---Sí, soy yo---dijo Esperanza con todo el valor que su vocecilla podía inferir---. ¿Tú quién eres?
            ---Yo me llamo Oliver---respondió---, y soy un niño que como tú estaba en una habitación de la que no podía salir.
            Esperanza quedó como alcanzada por un rayo. No entendía ¿Acaso se podía salir de la habitación? ¿ Y para qué? ¿Había en realidad algo más que esas cuatro paredes?.
            Oliver se acerco hasta Esperanza, que seguía paralizada,  y se acomodo en el alfeizar junto a ella. Mirando alternativamente a la calle y a la niña, Oliver siguió hablando.
            ---Esperanza, mi padre era un hombre muy sabio y muy listo. Gentes de muchos sitios y muchos tiempos lo escuchan con atención, pues él entendía muy bien las cosas que nos ocurrían a nosotros, los niños. Y aunque la gran mayoría lo tomaba por un simple contador de cuentos, en otras personas obraba un cambio en su corazón, y les animaba  hacer algo para que ningún niño estuviera nunca encerrado en una habitación de este tipo
            ---¿De este tipo?---preguntó Esperanza con voz trémula
            ---Sí mi querida amiguita.--- Dijo Oliver cogiéndole la mano con ternura infantil--- Esta habitación la conozco muy bien. Al principio parece amplia, pero poco a poco te va oprimiendo el estomago, hasta que se te hace tan pequeña, que solo queda espacio para un único pensamiento.---mirando hacia la calle Oliver prosiguió---. ¿Ves todas esas personas Esperanza?. Son las personas que tu podrías ser si sales de esta habitación.
            El corazón de esa niña dio un vuelco ante lo que acababa de oír.
            ---¡Yo quiero salir Oliver!---dijo la niña con vehemencia,  poniéndose en pie y apretándole la mano--- ¡quiero ser como ellas y poder pasear por esa calle y sonreír y ser feliz todos los días!
            Oliver la miró con dulzura y dando un paso subió al alfeizar aupando gentilmente a Esperanza. Ésta se asustó al ver aquel abismo ante sus pies, pero la mano de Oliver la agarraba con fuerza.
            ---Yo no puedo sacarte de aquí, por mucho que lo deseo---dijo Oliver---. Mi papel es tan solo  hablarle al alma de esas personas que nos leen, igual que lo hizo mi padre, y esperar a que vengan a sacarte de aquí
            ---¿Crees que vendrán Oliver?---le preguntó la niña ilusionada
            Oliver le dedicó la mirada mas tierna que diera jamas a nadie en toda su vida, y con una gran sonrisa le contestó:
            ---Claro. Por algo te llamas Esperanza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario